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Nacho Vegas: «Los sellos han dejado de tener el papel que tenían»

Nacho Vegas: «Los sellos han dejado de tener el papel que tenían»

Hay pocas pérdidas más dolorosas que las que tienen que ver con el amor. Nacho Vegas lo sabe bien, y en su último disco, “La Zona Sucia”, se convierte en cronista de ese dolor: desde el momento en que se ve venir el final hasta la búsqueda del amor perdido en recuerdos pasando por los reproches, propios y ajenos. La suya es una crónica sentida, que no sentimentaloide, en la que deja una puerta abierta a la esperanza: forma parte de esa inocencia que en el fondo rezuma toda su obra, por dura que parezca. “La Zona Zucia” (autoeditado y con licencia Creative Commons) llega después de una espera de tres años, aunque entre colaboraciones (“Verano Fatal”, con Christina Rosenvinge), conciertos y el EP “El Género Bobo” dé la sensación de que ha estado ahí todo el tiempo. ¿Su mejor disco hasta la fecha? Probablemente.

Después de tres años, ¿echabas de menos meterte solo en el estudio? Bueno, un poco sí, pero lo que pasa es que tampoco había tenido mucho tiempo para hacer este disco. Pero supongo que este tiempo me he volcado más en las colaboraciones porque es una forma de seguir grabando sin que caiga sobre tus hombros toda la responsabilidad de las canciones. Puedes delegar y puedes asomarte a la manera de hacer las cosas de otra gente y encima llevarte algo nuevo, porque hay un intercambio y puedes aprender. Y después de las colaboraciones salí con más fuerzas y con más ganas de enfrentarme a un nuevo disco, que siempre es algo que te da un poco de vértigo.

Dices que ésta es tu obra más personal, pero en realidad toda lo es. ¿Dónde ves la diferencia? Igual lo dijo alguien, pero yo creo que todas las obras son igual de personales, porque tampoco sé hacerlo de otra manera, la verdad. Todas mis canciones parten de cosas que he vivido, o que me rodean y que las he visto… aunque luego las acabe transformando. Incluso puedes convertirlas en ficción y convertirlas en algo que no tienen que ver exactamente con lo que a ti te ha pasado. Creo que esa distancia entre lo que te ha pasado y lo que cuentas es necesaria. Pero todas las canciones y todos los discos las siento como cosas muy personales. La intención también es  partir de hechos particulares e intentar llegar a algo más universal.

En tu libro, “Política de hechos consumados”, las historias que cuentas son mucho más crudas que las de tus canciones. ¿Abordas la escritura y la composición de formas distintas? Pues sí. La verdad es que los textos de este libro o cuando escribo algo que creo que tiene que vivir en el papel y que no va a terminar en una canción siento que tiene que vivir de otra manera, con otro tipo de ritmo… Las cosas que cuentas también las escribes con otro lenguaje. A veces hay un punto de encuentro entre las canciones y los textos del libro pero sí que es verdad que no me vería capaz de musicar algunos aspectos del libro. Supongo que el papel te permite ver las cosas de otra manera y en algunos aspectos hacerlo más crudo todavía que en una canción.

¿Te has planteado volver a escribir? Sí, ahora mientras estaba preparando este disco, también he estado escribiendo la base de otro libro y con textos un poco distintos, un poco de miscelánea, pero con el tema del disco se quedó en treinta páginas y sí, ahora cuando pase un poco el lanzamiento del disco me gustaría retomarlo. Pero es algo que siempre me tomo con mucha prudencia porque no me gusta publicar por el simple hecho de poder hacerlo.

¿Cómo surge la idea de crear Marxophone? Surge de una forma natural, porque ya llevaba diez años trabajando con Limbo Starr y han sido unos años en los que han cambiado un poco las cosas y los sellos han dejado de tener el papel que tenían antes y supongo que después de diez años, como cualquier relación, las cosas se van gastando. Y tal y como está ahora mismo la situación con la gente de I’m an artist y Marxophone nos apetecía hacer esto. Más que de un sello se trata de un colectivo de músicos que nos autoeditamos y que tomamos las decisiones con la oficina de manera consensuada: el lanzamiento, la gira… es un todo. La discográfica ya no es el centro, como pasaba hace diez años.

De hecho has elegido una licencia Creative Commons, que es algo que muy pocos artistas hacen… Sí, bueno, también hasta ahora sacaba los discos con Limbo Starr y los derechos eran de ellos. Me parece que hay algunos grupos, pero muy pocos, que lo hacen, porque tampoco saben muy bien de qué se trata. Pero es algo natural reservarse ciertos derechos y permitir que con todo esto que está pasando y con toda la polémica de la Ley Sinde es una forma de permitir que se distribuya libremente tu obra, siempre que no haya un ánimo de lucro, porque compartir la música siempre es lo más importante. Ahora con internet en otros países no hace falta por ejemplo tener toda la logística de un sello, que es muy complicado todo, sino que es mucho más rápido y al final de lo que se trata es de la música se mueva y de que llegue a la gente.

Volviendo al disco, aquí usas más que en otros los coros infantiles. ¿Es una forma de desdramatizar alguna de las canciones? Bueno, sí, me gustaba darle un contrapunto, y las voces infantiles siempre tienen esa mirada un poco más limpia de los niños en contraste con esa mirada un poco más contaminada que tenemos los adultos y me gusta que las canciones se sustenten en elementos contradictorios y en las paradojas. Y en ese sentido creo que las voces de los niños funcionan muy bien. También es una forma de contar cómo algo que parece muy sólido de repente se viene abajo y demostrar que en el fondo todo es muy frágil. Pero es que siempre hay que dejar la puerta abierta, no puedes tirarlo todo, porque entonces, no sé… en una canción no te puedes regocijar en los sentimientos negativos, hay que combatirlos de alguna manera.

En el álbum también recuperas una canción tradicional asturiana (“Taberneros”) y además hay aires de folk. ¿Es casualidad o una forma de reivindicación? La música tradicional es algo que siempre está en la base y en las raíces, y creo que al fin y al cabo lo que estamos haciendo es música popular. Hace unos años que he entrado en contacto con el cancionero tradicional asturiano, lo hice también con Xabel Pereda en Lucas 15. “Taberneros” surgió de una pequeña melodía que luego fui cambiando y poniendo letras de forma que encajara en el repertorio de este disco. Pero me gustan esas cosas que tienen las canciones tradicionales, de pureza, en las que el autor no era importante y que iban transmitiéndose de generación en generación mediante tradición oral… y tienen algo muy chulo que a mí me gusta preservar de esas canciones. Tiene algo de inocencia, porque cualquier pueblo tiene su tradición y es algo que sale muy de dentro y de una forma muy pura en su esencia.

Publicado en Neo2 (febrero 2011).

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