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Mujeres de ida y vuelta: Lydia Lunch

Mujeres de ida y vuelta: Lydia Lunch

Aunque parece que en los últimos tiempos las estrellas prefabricadas han robado el protagonismo a esas otras artistas que se guisan y comen todo lo que hacen, lo cierto es que ahí siguen, muchas de ellas dando guerra sin parar: son mujeres de ida y vuelta, reivindicables en cualquier época y que aún sirven de inspiración por haber sabido romper moldes y por el incontestable peso de su obra. Hoy recuperamos la figura de Lydia Lunch y rastreamos su relevancia e influencia hasta el día de hoy.

Lydia Koch nacía a principios de verano de 1959 en Rochester (Nueva York), una pequeña localidad junto al lago Ontario de poco más de 200.000 habitantes, una ciudad que se desarrolló en el siglo XIX gracias a sus molinos de la harina y conocida también como la “ciudad de las flores” (alberga un festival anual de lilas). No es de extrañar que la inquieta Lydia se fuera de allí con 13 años para probar suerte en la Gran Manzana, a donde llegó, en sus propias palabras con “una pequeña maleta roja, un abrigo de invierno y mucha actitud”. El Nueva York de 1973 al que llegó Lunch (a quien Willy De Ville dio ese sobrenombre porque robaba la comida ajena) nada tenía que ver con el que conocemos ahora: era una ciudad mucho más sucia, peligrosa y excitante, como bien han retratado Luc Santé en “Mata A Tus Ídolos” (Libros del KO, 2011) o Will Hermes en “Love Goes to The Buildings on Fire” (Faber and Faber, 2011). En esa década todo era posible y Lunch, consciente de ello, llegó a la Gran Manzana inspirada por aquella ebullición, aunque pronto se desencantaría y optaría por tomar cartas en el asunto: “creía que era mi deber intentar rebelarme contra aquellos”. Efectivamente, el punk se le había quedado pequeño y montó uno de los grupos más radicales que ha dado nunca la escena neoyorquina: Teenage Jesus and the Jerks. A partir de ese momento, Lydia Lunch dejaría de ser una presencia anecdótica en la escena neoyorquina para convertirse en una figura pivotal de la misma.

1. Compositora y cantante

El saxo de James Chance y la voz de Lydia Lunch formaban un cóctel explosivo: cacofonía, nihilismo, experimentación y pocas o nulas ganas de complacer. Con Reck en el bajo y Bradley Field a la batería, el cuarteto era más punk que el punk, más violento y agresivo que la mayor boutade de los Sex Pistols y, desde luego, toda una rara avis en esa escena neoyorquina que a veces pecaba de ensimismamiento y narcisismo. La etiqueta ‘no wave’ les venía, desde luego, como anillo al dedo.
Aunque la carrera de Teenage Jesus and the Jerks fue convulsa y fugaz (apenas duraron dos años y conocieron varios cambios de formación), no sólo animó a James Chance a montar sus Contortions más tarde, sino que puso a Lydia Lunch en una posición privilegiada dentro del underground. Había dejado de ser la adolescente que se tenía que conformar con robar tarteras ajenas a convertirse en una de las voces más contestatarias de las décadas venideras.
Tras una cortísima experiencia con un nuevo grupo, Beirut Slump; Lydia Lunch publicaba en 1980 su primer álbum en solitario, “Queen of Siam”, un álbum que no sólo ha aguantado el paso del tiempo, sino que sigue siendo uno de los trabajos más turbadores de Lunch, quien va desgranando canciones en torno al sexo y la violencia con voz de lolita retorcida. Aunque aparentemente más clásico que sus grabaciones predecesoras (con influencias cabareteras y de jazz), lo cierto es que rompía con todo lo que se esperaba de ella.Poco después fundaba 8 Eyed Spy, un nuevo grupo de corta vida que se disolvió tras la muerte de su bajista, y “13 13” (1981), un nuevo disco en solitario, mucho más radical que “Queen of Siam”. A partir de ese momento, Lunch se embarcaría en una serie de colaboraciones míticas (Sonic Youth, Nick Cave, Rowland S. Howard, Philippe Petit y Einstürzende Neubauten, entre otros) y además diversificaría sus actividades, estrenándose como escritora y abrazando el spoken word.Con el cambio de siglo, Lydia Lunch conoce una segunda época dorada con discos como “Smoke In The Shadows” (2004), “Touch My Evil” (2006) y “Big Sexy Noise”, editado el pasado año.

2. Escritora

La querencia de Lunch por la escritura no debiera sorprender a nadie teniendo en cuenta que ella misma se encarga de las letras de sus canciones. Su primera publicación data de 1987: “Adulterers Anonymous”, coescrito junto a Exene Cervenka y que contiene perlas como “rompo tu corazón para romper la monotonía”. Es, además, un libro poético radicalmente innovador, en el que se van alternando las frases de Cervenka y de Lunch en un mismo texto, una suerte de cadáver exquisito a cuatro manos lleno de violencia emocional y a ratos enfermizo, como cuando Lunch escribe “mi corazón está en el sitio equivocado y se quiere ir a casa”.Aunque la bibliografía de Lunch no es breve, sin duda, la obra que más interés ha despertado es “Paradoxia: A Predator’s Diary [editada en España por la editorial Melusina]: publicada en 1997, es una detallada cuenta de sus inicios que incluye todo lujo de detalles a la hora de hablar de sexo, drogas y todo tipo de encuentros con personajes del underground neoyorquino de la época. Pero el verdadero protagonista del libro es el descubrimiento que hace Lydia Lunch de su propio poder: “Hazlos pagar por sentirse torturados. Asaltados. Abusados”, escribe. Como una mantis, Lunch aprende a alimentarse de los hombres con los que se acuesta. Pero sobre todo aprende que no necesita a los hombres, sino a ella misma.
Pero como no sólo de sexo se alimenta el ser humano, Lydia Lunch publicó el pasado año “The Need to Feed: Recipes for Developing a Healthy Obsession for Deeply Satisfying Foods”, un particular recetario inspirado en lo que cocinaba en su juventud con las exiguas existencias que encontraba en las neveras de amigos como Henry Rollins o Sonic Youth (cuya colaboración se materializó también en la portada del álbum “Evol”, en la que se puede ver a una histriónica Lunch).Dentro de su faceta literaria, Lydia Lunch también se ha dado a conocer como una de las voces más relevantes del spoken word (su álbum “Memory and Madness”, es un buen ejemplo de esta cara suya), y la guerra civil española ha sido la protagonista de algunas de sus últimas actuaciones en nuestro país, donde ha presentado sus “Ghosts of Spain”.

3. La influencia

Hacer un repaso a la obra de la norteamericana sin hablar de su influencia se quedaría cojo. Basta con escuchar su voz para comprobar que son muchas las intérpretes que gastan la particular cadencia de Lunch a la hora de cantar: de Karen O a Courtney Love, son varias las generaciones en las que se percibe su impronta. Incluso Jessie Evans, que ha hecho del saxo una segunda voz, ha compartido escenario con la “reina de Siam”.

Pero la influencia de Lunch no se circunscribe únicamente al ámbito femenino: como ya decíamos al principio, son muchos quienes han colaborado con ella, de Nick Cave (de quien dice que nunca la ha entendido) a Thurston Moore o, más recientemente, Omar Rodríguez-López.

Y es que puede que Lydia Lunch no guste a todo el mundo, pero como ella misma reconoce, sin duda ha triunfado porque puede hacer “lo que quiero, con quien quiero y cuando quiero”.

Publicado en PlayGround (febrero 2013).

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