Close
Sonja Vukovic: «En Christiane F. nunca se quiso ver nada más que la chica de Bahnhof Zoo»

Sonja Vukovic: «En Christiane F. nunca se quiso ver nada más que la chica de Bahnhof Zoo»

Christiane-F

Christiane F. no da entrevistas. Está ‘desaparecida’, sin móvil, aparentemente sin mail y refugiada en algún lugar que muy pocos conocen. No sorprende. Desde que se convirtió en la yonqui adolescente más famosa de Alemania, prensa y público fagocitan cada uno de sus movimientos. Da igual que caiga o se mantenga de pie, para muchos siempre será aquella niña que cambió los libros de texto por las papelinas de jaco y la prostitución. Su vida, en realidad, era como la de muchos adolescentes berlineses de los 70, pero la suya fue la única que se convirtió en un libro superventas (al cumplir la mayoría de edad había acumulado casi medio millón de marcos en derechos de autor) y en una película de culto con cameo de David Bowie incluido (‘Los niños de la estación del Zoo‘, dirigida por Uli Edel). Una parte de Christiane F. ahora  tan sólo aspira a ser la señora Felscherinow, pero la otra quiere saldar cuentas con su pasado y ha decidido hablar 37 años más tarde para contar qué ha hecho este tiempo y, de paso, reflexionar sobre la vida que pudo haber tenido pero que le fue negada por su estatus de yonqui de culto.

Coescrito con Sonja Vukovic, ‘Yo, Christiane F. Mi segunda vida’ (editado por Alpha Decay) indaga en la parte menos conocida del personaje y se centra en lo que nadie quiere ver de la persona:  desde sus incursiones en la escena musical  (fue parte activa de la Nueva Ola Alemana) a sus escarceos con las estrellas de la época, pasando por el lado más sórdido de la drogadicción y su intento por pasar página exiliándose en Grecia.

A diferencia de su primera biografía, escrita de forma apresurada por los periodistas Kai Hermann y Horst Rieck, casi sin la supervisión de adultos y con una Christiane demasiado joven para evaluar -o predecir- las consecuencias de aquel libro; para esta segunda parte Christiane se ha tomado su tiempo: durante cuatro años hizo partícipe de su vida, como si fuera una amiga, a Sonja Vukovic. El fruto de esa relación es ‘Yo, Christiane F. Mi segunda vida’, un libro que sacia la curiosidad de mitómanos y que muestra la cara menos amable de su relación con las drogas y la presión de una sociedad que se niega a ver en Christiane F. otra cosa que la adolescente condenada al fracaso.

Christiane F. se esconde, pero Sonja Vukovic, la coautura del libro, no duda en responder a nuestras preguntas.

¿En qué momento de tu encuentro con Christiane supiste que esas charlas eran material de libro? ¿Cómo convenciste a Christiane de que se abriera para contar toda su historia a pesar de que podía ser dolorosa?

Como yo quería escribir un artículo (en esa época trabajaba en  ‘Die Welt’) nos vimos varias veces a finales de 2010 y principios de 2011. El problema era que después de cada encuentro tenía más preguntas, no una simple respuesta. Christiane estaba llena de historias, deseando que alguien escuchara. Ni siquiera tenía que hacer preguntas, ella las farfullaba, dándose las palabras claves para empezar con otro tema. Tras un año le pregunté si preferiría un libro a un artículo.

 

¿Cómo fue el proceso de trabajo? ¿Ella escribió algo o fue todo una historia oral? 

Nos reunimos durante más de tres años. Fue, sobre todo para Christiane, una cuestión de confianza y de tratarnos la una a la otra como alguien que te gusta y con quien no te limitas a trabajar. Me convertí en parte de su vida, acompañándola en su vida diaria, conocí a su médico y a su hijo, a sus amigos y a su abogado, a su novio y a su antiguo amante… peleamos mucho, porque estábamos unidas y confiaba en mi. Y por todo eso, me vi enfrenté a su vida y fui capaz de atrapar al personaje. Me contó mucho se su época posterior a Bahnhof Zoo, pero como no tiene ordenador no escribía ella misma, no. Por supuesto que comprobaba todo, y en algunas partes tuvimos negociaciones bastante duras.

 

¿Qué fue para ella lo más duro de recordar y poner sobre el papel?

Creo que ninguna parte. De alguna manera tiene una memoria fotográfica.

¿Tienes alguna idea de por qué ha decidido volver la vista atrás ahora? Habrá quien diga que es por dinero, pero eso nunca ha sido importante en su vida y tampoco le preocupa demasiado el resto del mundo o lo que la gente piense de ella.

Bueno, lo más importante es la relación entre la vida de Christiane F., que se hizo famosa y que aún no se ha apartado del todo de las drogas, y la sociedad, que en Christiane F. nunca quiso ver nada más que la ‘chica de Bahnhof Zoo’. A la gente siempre le interesaba si aún es o no una yonqui, pero no en si era algo más aparte de una yonqui.

Christiane sólo tenía 16 años cuando recibió atención mundial como ‘yonqui famosa’. Eso supuso, más que cualquier otra cosa que piense la gente, que no tenía una verdadera oportunidad de seguier con un futuro sano y sin adicciones, porque las causas y las estructuras no se tocaron en el libro. Más bien lo contrario: la lucha con su adicción se convirtió ‘oficialmente’ en el motor más poderoso de la vida de Christiane. El estigma se convirtió en una profecía autocumplida. Y aunque todos contribuyeron a que se cumpliera y la pusieron por encima de los demás, la dejaron sola en los momentos cuando se cayó.  Se tomaron sus fracasos como algo personal, porque no se cumplieron sus expectativas ni las ilusiones que nadie tenía: ¡quién, si no Christiane, puede escapar de ese pozo de adicción que mucha más gente conoce en silencio y en secreto sino los niños de Bahnhof Zoo!

Este segundo libro era la oportunidad de Christiane de recuperar su voz y decir: ‘eh, mira esto, me siento malinterpretada y sola’.

En el libro recuerda cómo siempre le han ofrecido drogas simplemente por la imagen  que la gente tiene de ella después de haber leído su biografía o haber visto la película. ¿Es una de las razones por las que se fue de Alemania y rompió con toda su vida?

Sí, exactamente. Cuando se fue también era madre y su hijo acababa de cumplir 11 años. Estaba a punto de entrar en la pubertad y tener sus propios problemas. Ella quería dejar atrás su infancia (cosa de la que nunca se libró del todo, porque la gente siempre veía en ella a la niña de Bahnhof Zoo) y dar a su hijo esos años. Aún así, a veces todavía dice: mira, ahora tengo 52 años. Y gente a la que ni siquiera conozco me llama Christiane. Nadie dice señora Felscherinow.

El primer libro sobre su vida de alguna forma idealizaba su juventud y el uso de las drogas hasta tal punto que se convirtió en un icono. ¿Es por eso por lo que este libro se centra más en el lado negativo de su adicción?

Me tengo que reír, porque ésta podría de hecho ser una explicación. Justo ayer pusieron una película en la televisión que muestra adictos al cristal y mucha gente decía ‘¡es adulación!’. Pero lo siento, es una gilipollez, porque no resuelves un problema ignorándolo. En el caso de ‘Mi segunda vida’ hay un montón de lados negativos porque así es la verdad. Más de 40 años de adicción a las drogas han dejado consecuencias horribles, por supuesto. Christiane tiene hepatitis C y cirrosis. También está bastante sola  y nunca fue capaz de amar y confiar de verdad. A menudo tiene dolores horribles y algo  que yo, sin ser una profesional, llamaría paranoia/esquizofrenia.

 

¿Cuándo se dio cuenta de que independientemente de lo que hiciera o dónde viviera siempre sería la ‘niña de Bahnhof Zoo’?

No podría decirlo. Por supuesto que ella siempre se identifica mucho con todo aquello, siempre era una forma de llamar la atención que tenía también efectos positivos. Es un tema muy ambivalente. A veces juega ese papel, a veces lo odia.

 

Su carrera musical nunca ha recibido tanta atención como su pasado. ¿Fue entonces cuando supo que el icono en que se había convertido durante su adolescencia siempre haría sombra a cualquier proyecto que acometiera?

Sí, bastante.

 

En el libro dice que preferiría haber sido un ama de casa a haber tenido la vida que tuvo. ¿Crees que se siente culpable?

Dice cosas como esa todo el tiempo. Y por supuesto que por una parte también las siente. Pero por otra parte, una vez me dijo: sabes, he decidido llevar una vida diferente. Y ésa es una parte importante de su carácter, ser  voluble. No creo que sienta mucha culpa.

A veces el libro tiene un tono elegíaco, como si quisiera contar su vida antes de que alguien lo haga por ella. ¿Has tenido esa sensación trabajando con ella?

No antes de que lo haga otra persona, pero por supuesto, mientras ella pueda hacerlo. Dado el estado de su cirrosis probablemente no llegue a vivir mucho. Lo sabe.

 

¿Hay mucha diferencia entre la persona y el personaje en el caso de Christiane F.?

¡Ninguna en absoluto!

 

¿Qué has aprendido trabajando con ella?

Podría escribir otro libro sólo sobre eso. Además de muchas cosas personales, he aprendido mucho de la socidad, de sus valores y de cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás. Christiane,  Deutscher Levante Verlag y yo hemos creado por eso la ‘Fundación Christiane F (CFF)’ para ayudar a la gente que sufre depresión, miedo y adicciones, y para prevenir la adicción. Me encanta ese trabajo, me llega al alma, y estoy agradecida.


¿Conoces el paradero de Christiane F.? ¿Se ha escondido mucho?

No está escondida, está muy enferma. No es fácil, porque he trabajado con ella cuatro años. Fue una buena época, energética y poderosa. Pero poco después de que el libro se publicara en Alemania su salud física y mental empeoraron rápidamente. He intentado muchas veces que recibiera un tratamiendo de hígado, pero simplemente no iba. En ese punto de rechazo y rebeldía o ha cambiado mucho.

Publicado en Numerocero (febrero 2015)

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close