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‘Homosexualität_en’: 122 años dentro del armario

‘Homosexualität_en’: 122 años dentro del armario

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Hasta hace sólo 21 años, la homosexualidad aún era delito en Alemania. Un artículo aprobado en el siglo XIX prohibía las relaciones homosexuales. El infame párrafo 175 no fue abolido hasta 1994. Una exposición en Berlín documenta la vida del colectivo LGBT bajo la represiva ley.

Cuesta creer que Alemania, que a veces parece el paradigma de las libertades individuales, sólo haya dejado de castigar la homosexualidad hace 21 años. Una ley decimonónica penaba las relaciones homosexuales, y ningún gobierno la derogó hasta que la reunificación del país fue un hecho consumado. La exposición Homosexualität_en, que se puede visitar hasta el 1 de diciembre, se ha propuesto recuperar la memoria histórica de todo un colectivo que tuvo que vivir a la fuerza en el armario y que vivió sus peores días durante el nazismo.

Nada más cruzar la puerta del DHM, el visitante se encuentra con vitrinas llenas de objetos personales: zapatillas de ballet, laca de uñas, partidas matrimoniales oficiosas, tarjetas de transporte… Son los objetos que asocian decenas de alemanes al reconocimiento de su homosexualidad, y en vídeo, los dueños de estos símbolos cuentan cómo dieron la noticia a sus padres o cómo vivieron su relación desde el exilio y la clandestinidad. Es la parte más amable de la exposición, porque a partir de ese momento comienza un viaje por la represión y los prejuicios que culmina en una sala en la que se recuerda a quienes murieron en campos de concentración.

 

La libertad no es algo que te dan, sino algo que tienes que tomar”. Con esta cita de Meret Oppenheim comienza un viaje por la historia gay de Alemania a través del arte: desde la permisividad de los años veinte (plasmada en obras de Tamara de Lempicka y fotografías de Gertrude Stein y Alice B. Toklas) a colecciones privadas de pornografía gay. Aunque el párrafo 175 seguía en vigor, hubo momentos en que imperaba un vive y deja vivir que tuvo uno de sus puntos álgidos en los años anteriores al nazismo, en ese Berlín pobre que buscaba la evasión tan bien reflejado en la obra de Christopher Isherwood Adiós a Berlín (Goodbye to Berlin, 1939), conocida por inspirar Cabaret (íd., 1972) y que tomaba como referencia uno de los clubs gays más imponentes de la ciudad: Eldorado.

 

Eran años de incertidumbre, pero que aún estaban lejos del triángulo invertido rosa con el que el nazismo marcaba a la comunidad LGBT en los campos de exterminio. Fueron precisamente los nazis quienes asignaron a la comunidad gay el color rosa (en los años treinta era el azul el color que se asociaba con las niñas), que en forma de triángulo invertido les identificaba en los campos. En los años setenta, la comunidad LGBT adoptó ese símbolo en sus reivindicaciones, dándole la vuelta a su significado y apropiándoselo, mientras que paralelamente, en esos años, los movimientos feministas combatían la asociación del rosa con la mujer con movimientos internacionales como Pinkstinks.

Eldorado y el color rosa son sólo dos de las estaciones de un alfabeto expuesto sobre rejas con el que el visitante se sumerge en la represión y resistencia homosexual en la Alemania reciente. En la RDA se mantuvo el parágrafo 175 prácticamente intacto, y aunque en la RFA se relajó su dureza, el ostracismo y persecución estaban a la orden del día: en 1980, descubrieron en Hamburgo que eran muchos los baños públicos con falsos espejos que en realidad servían para espiar a la comunidad gay. El hallazgo provocó la primera manifestación LGBT el 1 de julio, y que a día de hoy se conoce en el país como Christopher Street Day.

Casas clandestinas en las que se reunían sin tener que fingir, una puerta de baño con su “glory hole” y publicaciones dirigidas a homosexuales son algunas de las paradas que uno se encuentra en esa cárcel emocional montada por el museo, pero una de las “paradas” que más impacta es la de los packs para hacer cruising con condones y lubricante que entraron en escena con la llegada del SIDA y que tenían el tamaño adecuado para que cupiera en el bolsillo. A partir de los ochenta, a la restricción de las libertades se le sumó un nuevo problema que durante años estigmatizó a millones de personas.

Fue en 1994 cuando por fin se derogó el parágrafo 175: la homosexualidad dejó de estar perseguida por la ley, pero la discriminación sigue presente. La exposición lo recuerda escupiendo los improperios a los que se tienen que enfrentar cada día millones de personas en el mundo que se pueden escuchar mientras se mira a los ojos a sus víctimas, cuyas fotografías, muchas de ellas tomadas en África, cuelgan de la pared. A partir de ahí la exposición opta por plantear el debate sobre la construcción del género y de la sexualidad, por enfrentar con datos todas las teorías absurdas que algunos aún se creen (como que la homosexualidad es una enfermedad) y por educar explicando géneros y sexualidades casi para principiantes. Como colofón, hay un gran mapa con los derechos de LGBTI en el mundo: y por una vez, España se puede poner una medalla.

Publicado en Canino (noviembre 2015)

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