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Riot grrrls 2.0: pop y feminismo en la era de internet

Riot grrrls 2.0: pop y feminismo en la era de internet

grimes

Ha llovido mucho desde que las riot grrrls salían a escena con los insultos que recibían pintados sobre el cuerpo o en que -como se cuenta en “Girls to the front”-, lanzaban tampones a los hombres que se apuntaban a la lucha feminista, como le sucedió a Ian MacKaye mientras cantaba ‘Suggestion’ con Fugazi.

Años más tarde, el machismo es el de siempre, pero tiene un nuevo invitado: el acoso en internet y las amenazas en foros. Así que el activismo a tenido que aprender un nuevo lenguaje. Las canciones ya no bastan por sí solas. Redes sociales, fanzines online y videos son las nuevas armas de unas artistas que a priori gastan una imagen más amable, pero cuando hablan sacan las garras con la misma fiereza que sus predecesoras.

“Girls run the world”?  

Han pasado décadas desde que Madonna era la única mujer capaz de batirse el cobre en las listas de éxitos en un mundo organizado, dirigido y dominado por los hombres. El panorama ha cambiado, y e incluso en el mainstream son muchas las mujeres que arrastran más premios y seguidores que algunos de sus equivalentes masculinos, con nombres tan variopintos como Beyoncé, Rihanna, Lady Gaga, Miley Cyrus o Taylor Swift. A priori, podría parecer que las tornas han cambiado y que Beyoncé andaba en lo cierto cuando cantaba que las “chicas dominan el mundo”. Pero basta con rascar un poco, para ver que las cosas no han cambiado tanto. Baste un ejemplo: este año se viralizaban carteles de festivales en los que se habían borrado con photoshop todos los grupos en los que sólo había hombres, y había tan pocas mujeres que muchos de esos eventos se habrían podido celebrar en un sólo día en vez de tres y sin miedo a que se solapara ninguna actuación.
Acoso en internet

A estas alturas de la película no hace falta repetir lo obvio: internet ha cambiado las reglas del juego y una cuenta en YouTube, Bandcamp o SoundCloud puede ser más relevante que el A&R mejor pagado del mundo. El acceso a la música se ha democratizado, pero también las opiniones. Todo el mundo tiene una, y cree que el resto del mundo la debe escuchar aunque esté cargada de odio, machismo y xenofobia. Grimes, Lauren Mayberry de Chvrches y FKA Twigs podrían escribir una tesis doctoral sólo con su experiencia.

La cantante de Chvrches se convirtió en noticia en 2013 cuando decidió abordar el problema del machismo en un post de Facebook en el que publicó uno de los múltiples mensajes que recibe a través de la página con proposiciones sexuales. En seguida se llenó de comentarios de apoyo, pero tampoco faltaban quienes decía que aprendiera a vivir con ello y quienes directamente caían en insultos y amenazas. Con el lanzamiento del vídeo de su último single, ‘Leave a trace’, Mayberry ha vuelto a convertirse en el objetivo de 4chan, cuyos usuarios no dejan de insultarla (algunos con argumentos tan peregrinos como que no puede defender la causa feminista llevando minifaldas). Mayberry ha optado por plantar cara a la misoginia a través de su cuenta de Twitter y en todas las entrevistas que concede. Que no se calle ante los abusos no debería sorprender a nadie: Mayberry es una de las fundadoras del colectivo feminista Tuck Your Cunt In, cuya web parece imbuida del espíritu de los fanzines que en los 90 publicaban las riot grrrls.

Quien tampoco lo tiene fácil es FKA Twigs, que además de sexismo debe aguantar racismo. Desde que inició su relación con Robert Pattinson no sólo se ha convertido en “la novia de”, obviando todos sus logros anteriores, sino que además se ha encontrado con una avalancha de odio proveniente, sobre todo, de las fans de Pattinson, que no dudaron en dirigirse a la cantante a través de Facebook o Twitter para soltarle todo tipo de comentarios racistas. Pero la gota que colmó el vaso fue una entrevista que concedió a The Sunday Times hace unos días y que en seguida se convirtió en un tercer grado sobre su relación con el actor que provocó que la artista dijera que cree que no va a dar ni una entrevista más. A la periodista que terminó con la paciencia de FKA Twigs más le habría valido ver ese videoclip de 16 minutos que acompaña a “M3LL155X” y en el que aborda relaciones, maternidad, vejez y sexualidad desde una incontestable perspectiva de género.

Machismo de puertas adentro

Dentro de la industria musical el sexismo también campa a sus anchas. Pero ahora basta un tuit, un post en Tumblr o una entrevista en un medio digital para que se enteren cientos de miles de personas y que toda la prensa lo replique.

Alice Glass sufría este año sufría un intento de descalificación por parte del que fuera su compañero en Crystal Castles. Cuando Kath presentaba al mundo su nuevo single del grupo, el canadiense trató de minimizar el rol de Glass en el dúo, alegando que la suya ni siquiera era la voz que sonaba en todas las canciones. Ella en seguida acudió a internet para desmentir esas “declaraciones manipuladoras” que reafirmaban más que nunca su decisión de continua en solitario. No hubo medio que no se hiciera eco del post de Kath en Facebook ni de la respuesta de Glass en Twitter. Unas semanas más tarde, Glass asestaba un nuevo golpe al heteropatriarcado con la presentación de ‘Stillbirth’ (Soundcloud mediante): la canción se inspiraba en una relación abusiva de la que formó parte y en vez de poner el single en venta, pedía el dinero para una organización que lucha contra el maltrato.

Grimes también ha aprendido a usar los medios a su favor. Hace poco daba una entrevista a Fader algo que a muchos se les debió atragantar: “la gente quiere violarte y matarte. Es parte del trabajo”. El mismo trabajo que, como exponía en su blog en 2013 , le exige infantilizarse o sexualizarse. “Me entristece que mi deseo de ser tratada como un igual y como un ser humano se interprete como odio a los hombres, en vez de como una demanda de ser incluida y respetada”. No es la primera vez que se quejaba de la misoginia de la industria: Claire Boucher no desaprovecha la ocasión de exponer cómo el machismo que sufre le ha llevado no sólo a ser cuestionada (con quienes la creen incapaz incluso de manejar un ecualizador) sino a tener que protegerse con guardaespaldas cuando se sube a un escenario para evitar intentos de asalto.

Puede que el machismo en la industria musical no haya cambiado tanto, pero cuando las riot grrrls usaban un rotulador para escribir “bitch” un su estómago o cuando fotocopiaban un fanzine, no podían ni soñar con los millones de personas a las que podían llegar con una conexión a internet.

Publicado en Numerocero (agosto 2015)

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