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Jehnny Beth: pulsión de vida

Jehnny Beth: pulsión de vida

Hablo con Jehnny Beth y divagamos sobre la efectividad de las vacunas contra el coronavirus: la líder de Savages está optimista, por fin ve la luz al final del túnel y me comenta lo salvaje que va a ser tocar en directo otra vez. “Lo echo mucho de menos, necesito esa conexión”, me dice, “es un antídoto a la locura”.

Tratar de hacer una entrevista en estos días sin hablar de la pandemia es falaz. El debut en solitario de la cantante de Savages, “To Love Is To Live” (20L07 Music-Music As Usual, 2020), se publicó durante la extensión de la pandemia en Europa: “Ha sido una pesadilla”, me dice, “pero tienes que tomártelo con filosofía: sacaré más discos, no hay nada que pueda hacer y estamos todos en el mismo barco, pero económicamente es muy duro, porque cuando has invertido mucho y no lo puedes recuperar porque tu forma de financiación se corta de golpe… Pero forma parte de lo que es ser un artista y tomar riesgos”. Afincada en París, Camille Berthomier no solo vio desvanecerse sus planes de promoción y sus ingresos, sino que sufrió uno de los confinamientos más duros del continente: “Todos hemos parado y nos ha permitido cuestionarnos algunas cosas o preocuparnos más por los demás… Suena todo como un gran tópico, pero es cierto, yo estoy cansada, ya no puedo escuchar nada más que sea sexista o racista, para mí todo eso forma parte del mundo viejo que tiene que morir y desaparecer. Si veo a la generación más joven… creo que cada nueva generación trae esperanza y que los niños que están creciendo ahora son mucho más conscientes de los problemas que se tienen que resolver, mientras que lo que llamamos ‘boomers’ es una generación que usaba las cosas pero no pensaba en dejar algo para la próxima”.

No cuesta imaginar a una Jehnny Beth confinada que prefiere hacer ejercicios de introspección en vez de preparar masa madre cuando se escucha “To Love Is To Live”, de cuyo proceso compositivo no duda en decir que fue “como caminar en la oscuridad”.  “Con Savages siempre he tenido muy claro cuál era el mensaje y el sonido, pero con este disco acepté no tener certezas”. La primera gran duda que planea sobre el álbum es el de la propia identidad: “Después de 12 años viviendo fuera me sentía desconectada, dejé Francia cuando era muy joven, sin mirar atrás, y construí una identidad artística en detrimento de mí misma, y estando en París de repente estaba expuesta a mi lengua materna, que es la lengua de mi infancia y adolescencia. Empecé a hacer terapia… creo que estaba deprimida, porque salir de gira es muy intenso, girar con Savages lo es y creo que el mundo no estaba listo para una banda de mujeres”. También confiesa que uno de los puntos de partida del disco fue la búsqueda de “una chispa, algo de humanidad” que me permitiera empatizar con una sociedad de la que estaba “harta incluso antes de que empezara la pandemia: cada vez somos más en este planeta y no dejamos que la naturaleza tenga su propio espacio, me asquea ver la multiplicación de humanos ocupando todo el planeta, y creo que a veces es difícil mostrar compasión, por eso hablo de la culpa católica, porque nos dicen que tenemos que sentir simpatía hacia los demás, pero yo no puedo sentir nada, ya no”.

El disco prácticamente coincidió con la publicación “C.A.L.M. Crimes Against Love Memories”, una colección de relatos eróticos que llevó a muchos a dar por sentado que tanto el álbum como el libro trataban única y exclusivamente “sobre sexualidad, pero la sexualidad para mí es parte de la vida, y en el disco hablo de la vida y de lo que es para mí ser una persona, y la sexualidad forma parte de eso, no hago ninguna distinción”. Y hablar con una francesa de sexo es hablar de muerte, no en vano se conoce al orgasmo como “la petite morte”: “El orgasmo se compara tanto con la muerte porque es una de esas experiencias que no podemos compartir, y es por lo que la muerte asusta tanto y a la vez nos hace humanos; y cuando tienes un orgasmo estás completamente solo con tu cuerpo y, aunque haya alguien contigo, esa sensación no se puede compartir”. La muerte, y la necesidad de dejar un legado, es también uno de las razones que llevó a Beth a grabar este disco: “Cuando murió Bowie me sentí perdida, pensé que era inmortal, me afectó mucho y me prometí a mí misma no perder más tiempo, porque realmente no tenemos tanto, nunca sabes cuánto nos va a quedar. Y la creatividad y la muerte están muy relacionadas, porque se trata de dejar algo, así que cada día de trabajo pensaba que iba a estar componiendo hasta que muriese. Suena muy extremo, pero era lo que pensaba, y cuando por fin terminé me relajé”.

Como a tantos otros, a Beth se le propuso que diera conciertos desde el salón de su casa durante el confinamiento, pero se negó a devaluar el trabajo de quienes dependen de la cultura para vivir: “Cuesta dinero hacer una película, grabar un disco, hacer un ‘stream’… nos hemos acostumbrado a esta idea de conseguir las cosas gratis, sin pagar por ellas, pero durante esta crisis me he dado cuenta de la cantidad de gente cuya carrera depende de un artista. La gente me dice que debería hacer un ‘live’ por internet, pero cuesta mucho dinero si quieres hacer algo decente, y entiendo que la gente no quiere conocer el lado empresarial del arte, pero es algo de lo que también me tengo que ocupar”. Así que optó por componer nueva música, escribir un nuevo libro y participar en una película: 2021, coge aire.

Publicado en Rockdelux (enero 2021)

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